En la cartografía íntima del rostro, el mentón es una frontera sutil. Marca el final del perfil, sostiene la línea mandibular y dialoga, en silencio, con la expresión completa. Durante años fue una zona poco explorada en medicina estética, pero hoy sabemos que su forma, proyección y proporción influyen de manera decisiva en cómo se percibe un rostro… y cómo una persona se percibe a sí misma.
En I·Write Aesthetic Journal nos interesa especialmente este tipo de tratamientos que no buscan protagonismo, sino coherencia. El aumento de mentón con ácido hialurónico Valencia es uno de ellos. No se trata de “añadir” volumen, sino de devolver al mentón su papel estructural dentro del conjunto facial. En muchos biotipos mediterráneos, y especialmente en pieles que han empezado a perder soporte óseo y colágeno, el mentón tiende a retraerse con el tiempo, generando una sensación de desdibujamiento del tercio inferior del rostro.
El ácido hialurónico, cuando se utiliza con criterio clínico, actúa como un material de arquitectura blanda. Su capacidad de integrarse con los tejidos, atraer agua y estimular la hidratación profunda lo convierte en una herramienta ideal para este tipo de armonización. Inyectado en los planos adecuados, no solo proyecta el mentón hacia adelante, sino que mejora la continuidad de la mandíbula y suaviza el perfil, sin alterar la identidad facial.
En zonas como l’Horta Sud, donde encontramos una gran diversidad de fototipos y estilos de vida, el aumento de mentón Torrent se ha convertido en una opción muy demandada por pacientes que buscan resultados discretos y compatibles con su día a día. Personas que quieren verse más equilibradas en el espejo, pero seguir siendo reconocibles en sus gestos, en sus fotografías, en su forma de sonreír.
Desde el punto de vista clínico, este procedimiento comienza siempre con un análisis facial completo. Evaluamos la proporción entre el mentón, los labios y la nariz; observamos la densidad de la piel, el patrón de envejecimiento y la respuesta inflamatoria del tejido. No todos los mentones necesitan el mismo tipo de producto ni la misma cantidad. Aquí es donde la medicina estética se convierte en una forma de lectura: cada rostro cuenta una historia distinta, y el tratamiento debe respetarla.
Después de la sesión, el ácido hialurónico sigue trabajando en silencio. Atrae moléculas de agua, mejora la calidad del tejido y favorece una integración progresiva que hace que el resultado se vea cada vez más natural con los días. Es una estética que no irrumpe, sino que se instala poco a poco, como una nueva capa de equilibrio.
En I·Write creemos que este tipo de tratamientos representan una nueva manera de entender la belleza: menos espectacular, más consciente; menos orientada al impacto inmediato y más alineada con el bienestar a largo plazo. El mentón, ese pequeño punto al final del rostro, nos recuerda que a veces los cambios más profundos son también los más discretos.
Y como toda buena historia de piel, su verdadero valor no está solo en cómo se ve, sino en cómo se siente al habitarla.
